Llevo un tiempo retirado de esa afición y lo digo con disgusto pues sufro un bloqueo que me impide escribir sobre nada pudiéndolo hacer sobre todo. No soy muy dado a enseñar aquello que escribo, llamadlo timidez llamadlo tozudez pero el caso es que no soy dado a ello. Pero hoy he sentido esa necesidad de, por lo menos, mostrar un poco de aquello que escribía, tal vez para darme ánimos para seguir haciéndolo.
Este relato corto lo escribí con la intención de presentarlo a un concurso literario de la universidad, sin embargo nunca lo presenté así que para sacarme la espinita lo pongo aquí. Espero que os guste y si no pues... ¡las críticas son siempre bienvenidas!

Hormigas en el estómago, corazón desbocado que late al ritmo de un zapateado flamenco, boca seca, manos sudorosas y nudo en la garganta que apenas si te deja hablar, y de repente, un impacto directo, un impacto de coraje, de valor y la miras a los ojos… dos palabras, acaso no puedas decir más, porque el nudo de tu garganta sólo ha sido torpemente desatado.
Ella empieza a alejarse, te giras y ves una parte de tu sueño pegado a su espalda como un monigote del Día de los Inocentes, y como, atado por un sedal invisible a ella, la otra parte de tu sueño va desapareciendo con cada paso, con cada tirón de ese sedal invisible, se va deshilachando como bufanda de lana, hasta que desaparece, quedando un montón de lana que nunca volverá a tejer un sueño, porque tu sueño va pegado a su espalda…





