lunes, 10 de agosto de 2009

Cuando las palabras no bastan

Hay veces que ni el mejor de los escritores consigue pintar con palabras aquello que tiene encerrado dentro de sí, hay veces que un montón de letras ordenadas no se acercan ni a pasar por encima de aquello que queremos expresar.
Hoy creo que podría juntar todas las palabras del mundo ponerlas en orden, consultar con mi amigos Borges, Cortazar, Eco... y aún así no daría con las palabras adecuadas.

Quería darte un gracias, grande, enorme gordito y lleno de esperanza.
Cuando uno cae en arenas movedizas por mucho que luche no puede salir de ellas y sólo se hunde más, en estos días he aprendido esa lección. Cómo tantas otras veces has estado ahí para ayudarme a salir aún a riesgo de caerte tu también en ellas.
Sé lo duro que es esto también para tí, pero siempre he recibido una palabra de apoyo, de ánimo. Esas palabras que me hacían no caer en el desánimo que me invitaban a luchar a seguir adelante y a no volver a hundirme...

Ojalá unas cuantas palabras bastaran, no mejor no, prefiero que sea así, prefiero demostrar dia a dia tantas cosas que no puedo expresar con palabras.

Y estoy seguro de que esta batalla también la ganaremos yo no me pienso rendir ;)y, en breve, estaremos riéndonos de todo esto.
Ahora más que nunca tengo ganas de pasar por encima de todo porque sé que lo que nos espera al final de este camino es un nuevo sendero, un nuevo amanecer y para mí amanece cada día por el oeste...

lunes, 6 de julio de 2009

lunes, 29 de junio de 2009

Han pasado dos años desde que inicié esta andadura con mi mochila al hombro metiendo de vez en cuando en ella aquello que quería que me acompañara en mi viaje, pero hoy cansado y fatigado me he parado a descansar y al abrir la mochila la he encontrado vacía, vacía de todo aquello con la que la llené cuando inicié mi marcha.
No me dí cuenta que tenía un pequeño agujero por donde poco a poco se han ido escapando lo que me ayudaba a continuar el viaje.
No quiero seguir andando, no sin todas esas cosas. No puedo arreglar mi mochila porque no encuentro ahora mismo aguja e hilo con los que remendarla y aunque la remendara seguiría vacía.
Supongo que todo tiene un principio y un fin, creo que no volveré por aquí eso sólo el tiempo lo dirá y ojalá esta no fuera mi última entrada, ojalá…
Gracias a todos aquellos que me leísteis alguna vez, muchas gracias.

Lo siento Gobo, Tio Matt ha muerto…

martes, 5 de mayo de 2009

A aquellas tardes de milkibar...

Dormía desde hace tiempo en mi memoria, estaba ahí acurrucada entre mis recuerdos de merienda con nocilla o pan y chocolate blanco, aquellos tiempos en que de mayor deseaba vivir en un barrio donde el panadero bailara con el pan y tuviera por vecino a un erizo gigante rosa...
Y sobre todo donde una rana pudiera cantar....



Lástima no encontrarla en castellano pero si entendeís la letra vereís que no se trata de la típica canción sobre números y cerca y lejos. Yo aún recuerdo parte de su letra en castellano, "yo no escribo versos, yo no soy poeta..."
Gracias por todo lo que nos enseñasteis a mi y a toda una generación, guardaré este video en mi ordenador y se podra perder, pero creo que nunca se irá de mi memoria.

lunes, 20 de abril de 2009

Y volver a ser un niño

¿Cuantos de nosotros hemos soñado con volver a ser niños? tal vez lo único que haya que hacer es dejar de soñarlo...



Conocia la canción pero no el maravilloso video que la acompaña, graciñas andu ¿vosotros seguireis pisando charcos? yo creo que el dia que dejara de hacerlo habria muerto una gran parte de mí.


Rayos!! lo han eliminado, bueno pasaros por aquí a echarle un vistazo:

http://www.youtube.com/watch?v=4L_DQKCDgeM

No me canso de oir esta cancion

lunes, 13 de abril de 2009

El espantapajaros

Cuando se habla de soledad yo siempre me imagino un campo enorme cuidado por un solitario espantapajaros en su eterna paradoja de alejar a los únicos compañeros que podría tener.
Hay veces que una imagen vale más que mil palabras, y si a esa imagen le acompañan hermosas palabras tenemos algo como esto:




Una lástima que verdaderas joyas como esta pasen desapercibidas también hay talento en este país mas allá de Almodovares o Mentiras y gordas...

Bogart



Sus pasos resonaban por las calles generando un eco que parecía salido de una película de cine negro y se imaginó a si mismo como un Humphrey Bogart de la vida, con su sombrero de ala ancha y su gesto de tipo duro al tiempo que exclamaba “siempre nos quedará París”
París, ¿qué es lo que le había traído a la ciudad del Sena? Conocía de sobra la respuesta, si bien prefería pensar que había sido un impulso súbito, tal vez un primer y último gesto de locura, un punto de partida; pero no, sabía de sobra que no se trataba de un impulso súbito y ni mucho menos un punto de partida.
Esos pasos le dirigían a través de un callejón oscuro, las sombras le rodeaban, ocasionales compañeras de viaje que el aceptaba con una sonrisa sarcástica, “la ciudad de las luces… tal vez lo fuera hace mucho tiempo”.
Hizo el gesto instintivo de mirar su reloj descubriendo su muñeca desnuda, su reloj dormía su borrachera en una mesita de hotel barato apoyado en una botella vacía de Cardhu de 13 años. Daba igual, el tiempo hacía mucho que había dejado de importar, casi tanto tiempo como el que había dejado de ser Proust en busca de ese tiempo perdido que tal vez nunca le correspondió, aquel que no medía en segundos, minutos y horas.
El ladrido de un perro que rompió el murmullo de sus pasos a través del callejón le sorprendió al punto de conseguir derribarle cual grito intimidador del cíclope Polifemo, le costó levantarse, tal vez por el efecto sedante de la botella ingerida como única cena.
Cavafis se sentiría orgulloso de él, iba a llegar a Ítaca viejo, como pedía el antiguo escritor en su poema, no viejo físicamente más si de espíritu después de haber atravesado mares con mayores peligros que el propio Poseidón.
Delante de él estaba Ítaca transformado en un antiguo puente que por una de esas extrañas paradojas de la historia respondía al nombre de Pont-Neuf. Y recordó aquel tiempo en que el destino tomando el papel de Leo Carax les había dirigido convirtiéndolos en los protagonistas de “Les amants du Pont Neuf”.
Se asomó al abismo encontrando al Sena plácido, murmurante tal vez susurrando que había estado esperándole durante largo tiempo.
Rebuscó dentro de su alma el coraje suficiente, un coraje que sólo encontraría en forma de licor dorado encerrado en una botella. Con ese falso coraje se sentó dejando que sus piernas colgaran en el vacío por encima del río e introdujo la mano en el bolsillo de su chaqueta encontrando ahí el viejo papel arrugado, desgastado por sus ojos a fuerza de tanto mirarlo, quería volver a leerlo a pesar de que la débil luz de las farolas que iluminaban el puente impidiera su deseo.
De improviso y sin haber avisado, sin ni siquiera haber sido llamado un viento traidor arrancó de sus manos el trozo de papel depositándolo con mimo sobre las aguas del río.
Bogart echó un último vistazo al viejo papel, “siempre nos quedará Paris” mientras descubría que nadie había para poder terminar su guión.
Mientras la tinta de un adiós se mezclaba melancólicamente con las aguas del Sena…